El gran cineasta italiano Michelangelo Antonioni falleció ayer por la noche en su casa de Roma. No puede dejar de destacarse la triste coincidencia: le tocó el mismo último día que al sueco Ingmar Bergman.
El alcalde de Roma, Walter Veltroni, declaró en varios medios que “con Antonioni desaparece no sólo uno de los grandes directores, sino también un maestro del cine moderno. Gracias a él llegaron a la gran pantalla las problemáticas más duras y difundidas del mundo contemporáneo, como la incomunicación y la angustia”.
El director, también escritor y pintor, se graduó en economía por la Universidad de Bolonia. Fue primero crítico del séptimo arte antes de llegar a Roma, donde estudió cine en el Centro Experimental del Cine y colaboró en el Estudio Cine, considerados como centros culturales de resistencia al fascismo. En 1942, en París, trabajó de ayudante de Marcel Carné y posteriormente colaboró con Roberto Rossellini, padre de la escuela del neorrealismo italiano.
Políticamente se describió a sí mismo como anti-fascista y “marxista intelectual”, pero algunos autores dudan sobre su seguimiento a esta ideología, porque sus filmes más representativos se basan en las elites y burguesías urbanas, y en cómo se relacionan con un entorno que apenas entienden. Se centró en el análisis psicológico de la crisis sentimental y moral de la alta burguesía, sobre todo de sus mujeres. Sin embargo, nunca perdió un enfoque social: su cine expresó el pesimismo angustiante, la alineación y la incomunicación características de la vida moderna.
Inició con documentales, entre los que destaca Gente del Po (1947). En 1950 rodó su primer largometraje de ficción, Crónica de un amor, pero su estilo se afirmó en su trilogía La aventura (1960), La noche (1991) y El eclipse (1962). Su primera cinta en colores fue El desierto rojo (1964).
Entre su filmografía se destaca también la película Blow-up, deseo de una mañana de verano, premiada en el Festival de Cannes en 1967, basada en el relato “Las babas del diablo”, del escritor argentino Julio Cortázar. Luego vinieron Zabriskie Point (1970), rodada en California, Estados Unidos; El pasajero (1975); Identificación de una mujer (1982).
En 1985 sufrió un derrame cerebral que lo dejó parcialmente paralizado, pero no le impidió seguir rodando. “Filmar es mi vida”, manifestó entonces. En 1995 recibió un Oscar honorario por su carrera y codirigió con Win Wenders Más allá de las nubes.
Su último trabajo fue El hilo peligroso de las cosas (Il filo pericoloso delle cose) (2002).
La originalidad de su obra fue reconocida en todo el mundo y, a la vez, considerada hermética y de difícil acceso.
El entierro será el próximo 2 de agosto en Ferrara, al norte de Italia, donde el realizador nació el 29 de septiembre de 1912.