El director de cine sueco Igmar Bergman ha fallecido hoy a los 89 años de edad, según ha informado la hija del cineasta, Eva Bergman. Según fuentes familiares, el cineasta habría muerto de forma ‘pacífica y tranquila’ en su casa de la Isla de Faro.
No han sido desveladas las causas del fallecimiento y se espera que el entierro del famoso escritor y director de cine sea en la intimidad, rodeado de familiares y amigos.
Bergman no es sólo el cineasta sueco más conocido. Con más de 40 películas, 100 obras de teatro y un buen número de programas de televisión, el director es una verdadera marca en la cultura occidental del Siglo XX. Fundador de la Academia Europea de Cine en 1988, su carrera ha sido reconocida por críticos y festivales de todo el mundo.
Nacido el 14 de julio de 1918 en Upsala, Bergman se dedicó a la dirección de cine entre 1946 y 1982. Se destacan como sus obras más importantes Prisión (1948), Sonrisas de una noche de verano (1955), El séptimo sello (1957), Fresas salvajes (1957), Persona (1966) y su última película, Fanny y Alexander (1982).
Hijo de un pastor luterano, Ingmar Bergman se crió en el seno de una familia muy estricta en cuanto a las costumbres y a la religión, un aspecto que influyó en su posterior trayectoria cinematográfica. Con menos de 20 años de edad, se instaló en Estocolmo, donde comenzó su trayectoria en el mundo del teatro, un género del que nunca se apartó. De hecho, tras retirarse del cine, Bergman regresó en ocasiones al mismo Teatro Dramático para representar obras de Shakespeare, Ibsen y Strindberg, entre otros autores.
En 1945, la Svensk Filmindustri le ofreció la posibilidad de dirigir su primera película, Crisis, en la que ya se atisbaba su costumbre de sublimar sus propias obsesiones personales en un personaje.
A medida que iba madurando, la obra de Bergman empezó a reflejar la influencia de los dramaturgos Henrik Ibsen y August Strindberg, en particular en su obsesión por estudiar, con una fuerte carga dramática e íntima, el alma del ser humano. Ya en los años cincuenta, el director se lanzó a una carrera en la que primaron su obsesión por el sentido de la vida, la relación con Dios, la dicotomía entre el bien y el mal y, en medio de ello, una visión irónica sobre la vida en pareja.
Después de casi cuatro décadas de películas que lo consagraron en todo el mundo, Ingmar Bergman dirigió en 1982 Fanny y Alexander, anunciando que sería su última película. En esta película reunió gran parte de sus obesiones, como el mundo del cine, el temor a la religión, el universo femenino y la muerte. El protagonista, un niño de doce años, y el contexto, una familia de Upsala a principios del siglo XX, no dejaban lugar a dudas sobre el componente autobiográfico de la última obra cinematográfica de Ingmar Bergman.
Aún no se sabe la fecha ni el lugar del funeral, pero se ha advertido que estará restringido a su reducido círculo de amigos y familiares.