Pasaran más de mil años…
Por: Iván Terán
Bajando la adrenalina que el verano dejó, ya con los
hijos en las escuelas y las lluvias emigrando, llega la temporada otoñal
con las películas que poseen el drama y el interés para un público
mayor. Es este el caso de La Casa del Lago, filme del argentino Alejandro
Agresti, que nos presenta una historia de pasión a la distancia sólo
que en tiempo, no en espacio de una médica solitaria que solía
vivir en una casa junto al lago, comienza a intercambiar cartas con su nuevo
residente, un arquitecto frustrado, sólo para darse cuenta que los
dos viven ahí, aunque en épocas distintas y su único
medio de comunicación es el buzón de la residencia.
Basada en la película Surcoreana Siworae, retoma la premisa de no
tener a dos enamorados separados por circunstancias (muy explotado en los
tiempos de guerra) y en lugares distantes pero profesándose amor eterno,
sino que en este caso el vive en el año 2004 (Keannu Reeves) y ella
en el 2006 (Sandra Bullock). Nuevamente, esta pareja de actores hacen uso
de su buena química en pantalla y logran conducir al espectador a su
romanticismo fantástico de manera sencilla. Su paciencia y profundidad
en una relación, si la podemos llamar así, es el la clave para
hacer creíble su situación, a pesar de algunos malos tinos del
guión.
Además, como mencionábamos arriba, la cinta viene a dar marcha
atrás con una taquilla atiborrada de cine de terror, para ofrecerle
ese espacio íntimo que siempre será sala de cine en compañía
de la media naranja.
De esta manera, el filme se convierte en una ida obligada, casi de rehén
para toda pareja (de esta no nos escaparemos querido lector), pero no por
ello una pérdida de tiempo. El filme retrata la ciudad de Chicago de
manera nostálgica, festín para los sentidos, además de
hacer a la ya mencionada casa un lugar ideal para un atardecer en buena compañía,
convirtiéndose en casi un personaje más (Este casi pertenece
a la falta de consistencia del guión y una que otra vuelta de tuerca
que hay por ahí).
En balance, un filme entretenido, sobrio, con la presencia de Christopher
Plummer, quien siempre brinda esa estampa en el cuadro actoral de reparto.
Un producto que pudo ser más refinado, pero como opera prima del argentino,
esperaremos un desquite. No tendrá todas las herramientas pero en estas
fechas, un filme así no las necesita para hacerse notar. El amor cambia
las cosas y para todas aquellas que adoran el suspirar, abrazarán la
idea del amor que cambia toda una vida. La fantasía y el romance esperan
en la sala y ella ya esta cobrando el vale por haberla llevado a Superman
Regresa o Miami Vice. Este domingo es de cine.