Hunt también tiene su corazoncito
Por: Iván Terán
Estamos ante la última entrega de esta saga. Ethan Hunt (Tom Cruise), nuestro espía de cabecera quiere echar raíces y cambiar las mascaras y aparatos tecnológicos por la podadora y un escritorio en oficina. Todo esto por la llegada a su vida de Julia (Michelle Monaghan), que, viendo el objeto del deseo, no se lo podemos recriminar. Todo le marcha bien en su nueva faceta de suburbano a la par con su trabajo de instructor en IMF, pero como Michael Corleone diría: “Justo cuando creía que me había salido, me jalan de nuevo”.
Uno de los primeros blockbusters del verano ha llegado a las pantallas, con una carga de acción y suspenso a la par relatando la odisea de Ethan Hunt y su equipo por capturar a un traficante de armas alrededor del mundo, un inusual robo, mientras mantiene su identidad en secreto para proteger a su media naranja. J.J Abrams, creador de las series Alias y Lost (Perdidos) se le otorga la batuta por primera vez en cine y realiza este cóctel de acción explosiva con su toque de thriller, una especie de matrimonio entre las primeras dos misiones, deslizándose más hacia facilidad y sorpresa que suponen los grandes efectos y llamaradas, que tejer un thriller donde todo es dudable y cualquiera culpable, como lo hiciera Brian de Palma en la Misión Imposible 1.

Para este cierre de la saga, Abrams opto por darle una dimensión más personal al espía líder de IMF. Mostrándonos a un hombre preocupado por el hogar, decido a echar raíces y contemplar con nostalgia los viejos tiempos. Esta primicia podría funcionar sino estaríamos hablando de Misión Imposible; un universo donde el trabajo en equipo es todo y no Tom Cruise y sus nuevas conquistas. Y de hecho Abrams lo sabe, cuando en momentos desea traer ese espíritu de vuelta (en especial la escena del Vaticano, de lo más rescatable), cuando presenta un filme que pondera entre la acción y el suspenso, haciéndolo ver sofisticado y diferente de las demás cintas de acción, pero el darle más preponderancia a Tom Cruise como protagonista de la historia (como si hubiera duda) destruye toda posibilidad.
Así, el desfile de efectos especiales y el corazoncito de Hunt fueron la única preocupación de esta última entrega, dejando un sabor amargo por esta serie de espías de punta. J.J. Abrams tal vez tenga mejor suerte en proyectos de menor escala o aferrarse a la televisión. Igual, aquí en Hollywood, en la tierra donde estrellas como Cruise su palabra es Biblia, inamovible y ley, no queda mucho margen para maniobrar. Recomiéndese sólo en caso de domingo aburrido.
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