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Crítica a "Estrellas de la linea"

Viernes, 26 de Mayo del 2006

   

Estará en salas de cine de España a partir del 26 de Mayo.

SINOPSIS

Valeria, Vilma, Mercy y el resto de sus compañeras sueñan con ser tratadas dignamente y que cese la violencia que sufren a diario. Son prostitutas guatemaltecas, prostitutas de dos dólares por servicio. Trabajan en La Línea, junto a la vía del tren que atraviesa la capital de camino al Océano Pacífico. Para llamar la atención sobre sus problemas, sobre el acoso de la policía y los asesinatos impunes, formaron un equipo de fútbol, entrenaron durante semanas y se inscribieron en un torneo local del que fueron expulsadas por su condición de prostitutas. La expulsión generó en el país una encendida polémica, rechazos y apoyos que transformaron sus vidas de la noche a la mañana. Esta es su historia.

CRÍTICA  DE CINE.COM

Documental muy entretenido, visualmente potente, sobre las vicisitudes de un equipo de fútbol de prostitutas del barrio de La Línea, en la capital de Guatemala, que quieren reivindicar con esta iniciativa sus derechos como mujeres, madres y ciudadanas.


Calificación de cine.com: *** (de 5)

Tierna, entretenida, reflexiva y reivindicativa producción documental de Chema Rodriguez.

Da tu opinión en el foro de la película: http://www.cine.com/nforo/viewforum.php?f=65

FICHA ARTÍSTICA


Las Estrellas
: Valeria, Mercy, Vilma, Marina, Carol, Kimberly, Kim, China, Beatriz, Susy, Seca, Maribel, Lupe y Erika          

FICHA TÉCNICA

Guión y dirección:                  Chema Rodríguez

Producción ejecutiva:             Tomás Cimadevilla

Productor Asociado:               Jesús Velasco, “El Vuke”

Fotografía:                              René Soza

Montaje:                                  Pablo Blanco Guzmán

Música:                                   Michel Peraza, Vagos y Maleantes, Guerrilla Seca, Paulo Alvarado

Montaje de Sonido:                Bela da Costa

Ayudante de Dirección:          Andrés Zepeda

Jefe de Producción :                Beatriz Delgado

NOTA DEL PRODUCTOR

“Mujeres y madres”, eso dice una de las pancartas de apoyo a las Estrellas de la Línea el día del gran partido. “Somos mujeres y madres antes que prostitutas”, reza el primer punto del decálogo que redactan para exigir sus derechos. Vilma, Marina, Mercy, Valeria ... no son extraterrestres ni habitantes de una imaginaria Sodoma y Gomorra. Son sólo eso, o nada menos que eso: mujeres y madres que luchan por sobrevivir en un mundo armado de violencia e hipocresía, mujeres y madres que sueñan, sufren y se apasionan como cualquier otra.

Las prostitutas que trabajan en La Línea son mujeres fronterizas, habitan en la frontera de la miseria, en la frontera de la moralidad y de sus propias convicciones religiosas, en la frontera del equilibrio emocional y del rechazo social. Esta es la historia de un viaje al otro lado de la frontera. Y sobre todo, una historia sobre la dignidad humana, contada con rigor, con humor, con amor y con ilusión y fantasía.

Porque las prostitutas no son princesas, pero sí creen en los cuentos de hadas.

NOTA DEL DIRECTOR


¿Por qué contar la historia de las estrella de la línea? Porque la prostitución no es un delito, o no debería serlo. Es, como dicen ellas mismas, una opción de trabajo legítimo para una persona adulta. Un trabajo casi siempre desagradable, es cierto, como otros muchos, pero no por ello se denigra y rechaza al trabajador, no por ello se le niegan sus derechos y se pone en duda su dignidad. Porque detrás del rechazo a su visibilidad se esconden siglos de hipocresía y puritanismo.

La prostitución no existe porque existan trabajadores del sexo sino al revés. Existe porque hay una demanda y ver esa demanda como algo perverso es la mayor de las perversidades, un acto de cinismo que suele esconder miedos seculares. Miedo al otro, miedo al placer, miedo a lo diferente. Miedo e ignorancia.

La prostitución es un asunto complejo y a su alrededor, como alrededor de todas las actividades clandestinas, pululan delincuentes y buscavidas.

Regular la prostitución no solucionaría todos los problemas asociados a ella, pero ayudaría a cerrar los espacios de proxenetas y pederastas, además de ofrecer a los trabajadores una plataforma desde la que exigir el respeto que merecen.

Por eso hemos hecho esta película, porque Vilma, Valeria o Kimberly no han cometido más delito que el de luchar día a por sobrevivir en un mundo hostil que las usa, ataca y discrimina; porque Vilma, Valeria o Kimberly sueñan, se apasionan y sufren como cualquier otra persona y esto, aunque parezca una obviedad, aun es necesario contarlo.

Chema Rodríguez

ASÍ NACIERON LAS ESTRELLAS DE LA LÍNEA

Vivía por aquellos días en un suburbio de la capital guatemalteca y tenía alquilada una habitación junto a la casa del jefe de la Mara Salvatrucha de Ciudad del Sol, una de las pandillas más conflictivas del país, en guerra desde hace más de una década contra la Mara 18 y contra el resto del mundo. Chapín , el jefe, me invitó una mañana a la reunión que mantendría con los jefes de otras pandillas para no se qué asunto relacionado con la venganza de uno de sus miembros, asesinado la semana anterior. A la reunión no pude entrar, y eso me incomodó en un primer momento. Siempre agradeceré no haber entrado. En primer lugar porque allí se decidió la muerte de alguien, seguramente otro muchacho tatuado como ellos, un infeliz que habría aprendido a empuñar un arma antes que a caminar. Y en segundo, porque mientras ellos dictaban su sentencia, yo conocí La Línea. La reunión se celebró justo detrás.

La Línea es una calle polvorienta en la que trabajan ciento cincuenta prostitutas que se mostraban en picardías hechos jirones. A ambos lados de la calle, existen otros tantos cuartitos minúsculos y húmedos. Y junto a las puertas, apoyadas, estaban ellas, mujeres desgastadas y jóvenes, aunque no lo pareciesen. Enfrente, partiendo la calle en dos, corre la vía del tren que conduce al Océano Pacífico. Durante el tiempo en que permanecí allí sólo pasó un convoy de mercancías. Curiosos, clientes y paseantes, obreros y desocupados, indígenas o mestizos pobres en su mayoría, caminaban por la vía observando a las chicas. El  tren se acercó y los curiosos se retiraron hacia los muros desconchados. Las mujeres se resguardaron en el interior de los cuartos. La máquina pasó y cada uno de los elementos de la escena regresó a su lugar.

El espacio me pareció magnífico, con esa capacidad sublime que tiene la decadencia para disfrazarse de algo extraordinario. Al terminar su reunión, Chapín me presentó al Vago , el jefe de la pandilla que controlaba esa zona de la ciudad. No hablamos de la venganza, ya sólo me interesaba conocer La Línea, no verla, verla ya la había visto, quería conocerla. El Vago me presentó a su novia, Valeria , una de las pocas chicas que trabajaban allí y que, siendo joven, realmente lo parecía. Era guapa y vivaz, movía las manos con inteligencia y su verbo fluía con sorprendente lucidez. Me habló de la violencia que padecen a diario, del acoso de la policía, de los asesinatos de mujeres, de los malos tratos y la discriminación social que sufren las prostitutas pobres. Valeria me presentó a Vilma , madre de siete hijos cuyo último marido dejó embarazada a su hija mayor y se había largado con ella. El Vago y Valeria me invitaron a volver cada vez que quisiera y lo hice al día siguiente, y al otro, y al otro durante dos semanas más. Conocí a Carol y a su hija de dos años, y también a Beto , el padre de la niña, un maltratador bien camuflado. En sus ratos libres, Carol leía poemas de Neruda que le había regalado un cliente. Cerca del cuarto de Carol trabajaba Mercy , cuyo marido, Calín , era un tipo encantador, pintor de brocha gorda. Me invitaron a su casa en numerosas ocasiones y en ella reinaba la monotonía de un hogar cualquiera. Se despertaban, preparaban el desayuno a los hijos y Calín los llevaba al colegio mientras ella se maquillaba y cruzaba la calle para mostrarse junto a su cuarto. Mercy era fuerte y decidida. Pude conocer a Susy , mujer indígena que se prostituía con el traje folklórico de su pueblo, a la China , a Maribel , a Beatriz … y a Kimberly , un travesti que diseñaba las ropas de faena de las muchachas. Pero entre todas ellas, la que más me impresionó fue Marina , una anciana de casi setenta años que trabajó en La Línea durante tres décadas. Ahora se dedicaba a vender preservativos, a lavar ropa para sus ex compañeras y realizar cualquier labor por la que pudiera recibir unos centavos. Le faltaba el ojo izquierdo. Se lo reventó un amante durante una discusión de borrachos. Un segundo amante le regaló un ojo de cristal, pero lo perdió en otra borrachera.

Tanto Marina como el resto de mujeres vivían temerosas de la policía, de los clientes y de los propios pandilleros. Eran mujeres autónomas, sin proxenetas,  alquilaban el cuarto y se quedaban con los beneficios, pero a menudo eran forzadas sexualmente, robadas y asesinadas. En los últimos meses la inseguridad se había vuelto insostenible. La policía, lejos de imponer la ley, suponía el mayor de los peligros. Tenían en mente plantarse ante las autoridades, hacerse ver, llamar la atención sobre su realidad, pelear por sus derechos y su dignidad. Valeria, Mercy y Vilma eran las más combativas, las más enérgicas y decididas. Querían reivindicarse, pero no sabían cómo. Tenían la seguridad de que si se plantaban a protestar frente al Palacio Presidencial, como es costumbre en Guatemala, saldrían aun peor paradas de lo que lo estaban ahora, las correrían a golpe de porra o de algo peor. Necesitaban una herramienta distinta, algo que las permitiese mostrarse ante la sociedad como lo que son, como personas normales, ganarse el cariño o al menos el respeto de la sociedad. Casi sin querer me vi envuelto en aquellas discusiones. Entre bromas y risas surgieron algunas ideas y pronto ganó cuerpo una que sugerí y que al principio nadie tomó en serio: formar un equipo de fútbol, entrenar y presentarse a un torneo femenino que se celebraría en uno de los clubes más selectos del país, en Futeca de la Zona 14, el área rica de la ciudad. Si pretendían llamar la atención de la sociedad y trasladar un mensaje, nada mejor que atraer a los medios de comunicación, y una propuesta así, sin duda, giraría los focos hacia ellas, aunque no se imaginaban hasta que punto. La pregunta era… ¿Las dejarán jugar?

Kímberly , el sastre de las chicas, se ofreció a entrenarlas y varias semanas después cerca de treinta mujeres estaban apuntadas en una lista. La mayoría jamás habían realizado ningún tipo de deporte y su fisonomía no aventuraba nada bueno sobre las posibilidades de hacerlo en el futuro, pero el brillo de sus ojos era más poderoso que cualquier lógica deportiva. Una mañana de Agosto, en plena temporada de lluvias, quince mujeres de La Línea se vestían de corto para realizar su primer entrenamiento mientras otras tantas animaban desde la banda. Ese es el momento en el que empieza nuestra película, una historia que nos serviría como excusa para colarnos en sus vidas durante tres meses, para retratar sus sueños, sus conflictos internos, sus decepciones y victorias, escasas estas últimas, es cierto, al menos sobre el terreno de juego. Una historia cargada de emotividad, de polémicas, de rechazos y apoyos que transformaron sus vidas de la noche a la mañana.

Chema Rodríguez


 

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